Ojo seco: los buenos hábitos
Ojos que pican, sensación de arena, visión fluctuante ante la pantalla… El ojo seco es frecuente y, sobre todo, se alivia con gestos sencillos.

El ojo seco es uno de los motivos de consulta más frecuentes. No siempre se debe a una falta de lágrimas: lo más habitual es que las lágrimas se evaporen demasiado rápido porque la película lagrimal es de mala calidad.
Reconocer los síntomas
A veces son engañosos: un ojo que se seca puede incluso… lagrimear, por reacción. Los signos típicos:
- sensación de arena, de quemazón o de picor;
- ojos rojos, cansados al final del día;
- visión que fluctúa y vuelve a ser nítida al parpadear;
- molestias con la luz o ante una pantalla.
¿Por qué ahora?
Se acumulan varios factores: el trabajo ante pantallas (se parpadea de 2 a 3 veces menos), la edad, la menopausia, el aire acondicionado o la calefacción, el uso de lentes de contacto, ciertos medicamentos y una inflamación del borde de los párpados (blefaritis).
Cuándo consultar
Una molestia que dura a pesar de las lágrimas artificiales, un enrojecimiento persistente, un dolor o una disminución de la visión justifican una exploración. En la consulta se analiza la película lagrimal y el borde de los párpados para proponer un tratamiento adecuado: cuidados de los párpados, colirios antiinflamatorios o tratamiento de las glándulas de Meibomio.
El ojo seco es crónico, pero se controla muy bien una vez identificada la causa: el objetivo es recuperar un confort duradero, no solo «ponerse gotas».