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¿Le pican y se le pegan los párpados?
A menudo es una blefaritis: una inflamación crónica del borde de los párpados. Molesta, recurrente, pero se controla muy bien.
Frecuencia: muy frecuente, a cualquier edad. Evolución: crónica, por brotes. El cuidado de fondo: la higiene de los párpados, cada día.
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¿Qué es la blefaritis?
Una inflamación del borde libre de los párpados, la franja donde se implantan las pestañas y desembocan las glándulas de Meibomio, que producen la parte aceitosa de las lágrimas.
Blefaritis anterior: en la base de las pestañas, costras y escamas. Blefaritis posterior: ligada a la disfunción de las glándulas de Meibomio.
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Reconocer los síntomas
Suelen afectar a ambos ojos, son más marcados al despertar y evolucionan por brotes: párpados rojos e hinchados, picor, ardor, pestañas pegadas al despertar, costras en la base de las pestañas, sensación de arenilla, lagrimeo.
¿Uno o varios de estos signos? Un examen de los párpados confirma el diagnóstico y permite instaurar los cuidados adecuados.
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¿De dónde viene la blefaritis?
Suele resultar de varios factores asociados. Identificar el terreno permite controlarla mejor.
Terreno cutáneo: la rosácea y la dermatitis seborreica comparten el mismo terreno inflamatorio. Microorganismos: bacterias y Demodex en la base de las pestañas mantienen la inflamación.
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La higiene de los párpados, paso a paso
La blefaritis no se cura de forma definitiva, pero se controla muy bien. El tratamiento de fondo se resume en tres gestos.
1 · El calor: un guante o una compresa tibia sobre los ojos cerrados, unos 3 a 5 minutos, para ablandar el aceite. 2 · El masaje: presionar suavemente el borde del párpado hacia las pestañas, alrededor de 1 minuto, para vaciar las glándulas. 3 · La limpieza: limpiar la base de las pestañas con un producto específico para párpados, mañana y noche durante los brotes.
Según el caso, como complemento: lágrimas artificiales sin conservantes, una tanda corta de antiinflamatorio o de antibiótico local, luz pulsada intensa (IPL) en las formas resistentes.
La constancia marca la diferencia: los primeros efectos se observan en 2 a 4 semanas, y después, como mantenimiento, 2 a 3 veces por semana.